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Habitación Doble 1 o 2 camas

Room in boutique hotel hosted by Jackson Jhonathan
3 guests1 bedroom2 beds1 private bath
Highly rated host
Jackson Jhonathan has received 5-star ratings from 100% of recent guests.
Great communication
100% of recent guests rated Jackson Jhonathan 5-star in communication.
Outstanding hospitality
5 recent guests complimented Jackson Jhonathan for outstanding hospitality.
Casa San José está ubicada en el casco histórico de Palma del Río, entre las ciudades monumentales de Córdoba y Sevilla. Es una casa del siglo XIX (1879) en la que encontrarás un magnifico patio Andaluz.
IMPORTANTE: solo se permiten 3 huéspedes por habitación, si el tercer huésped tiene 12 años no paga suplemento, pero si tiene más de 12 años pagará un suplemento de 15€ por la cama supletoria. Para desayunar en el hotel hay que avisar con antelación, el precio del desayuno es 8€ por persona.

The space
Una Casa del siglo XIX (1879) en la que encontraras un magnifico patio Andaluz. El típico patio andaluz es originario de Oriente, de Persia o Arabia. En principio su uso estaba destinado para alojar ganado, camellos y caballos y su construcción consistía en diversos palos con un techado de paja y ramas, para posteriormente convertirse en lugar de culto hacia el profeta Mahoma.

Esa estructura y decoración se imito en casa más humilde quedando como norma general en la
Construcción. Un patio generalmente cuadrado, rodeado de arcadas sobre la que se sostiene el balcón
con la balaustrada. En el centro, una fuente, un pequeño espacio para un árbol frutal que solía ser un naranjo o un limonero. Los azulejos con motivos geométricos y florales son otro elemento muy reconocibles en estos patios.

Estos patios aportan una luminosidad importante a las casas y son un espacio en el que llevar a cabo varios quehaceres tradicionales y un lugar de descanso, recreo y reunión. Además de su arquitectura, una de las cosas que más se valora en estos patios es la diversidad de plantas que hay en ellos .Los geranios son siempre imprescindibles, pero también abundan pensamientos, azaleas, rosas, azahar, buganvilla y jazmín que producen un olor embriagador.
Inaugurada a finales de 2011, la Casa San José se encuentra en el casco histórico de Palma del Río. Muchos de los monumentos que forman el patrimonio histórico de esta localidad como el recinto amurallado que data de época almohade, el convento de Santa Clara de estilo mudéjar, la iglesia de la Asunción o el Palacio de los Portocarrero, se encuentran a escasos metros.

Igualmente, su ubicación geográfica entre las ciudades monumentales de Córdoba y Sevilla y su cercanía al Parque Natural Sierra de Hornachuelos, convierten Casa San José en el alojamiento idóneo para todos aquellos que buscan la tranquilidad y un excelente servicio.

Casa San José se caracteriza por su trato familiar siendo su máxima premisa que el huésped en cada instante se sienta como si estuviera en su propia casa.

Guest access
Casa San José cuenta con cuatro habitaciones que están dotadas con una elegante decoración de época enriquecida por las prestaciones de la vida actual.

License number
H/CO/00780
Casa San José está ubicada en el casco histórico de Palma del Río, entre las ciudades monumentales de Córdoba y Sevilla. Es una casa del siglo XIX (1879) en la que encontrarás un magnifico patio Andaluz.
IMPORTANTE: solo se permiten 3 huéspedes por habitación, si el tercer huésped tiene 12 años no paga suplemento, pero si tiene más de 12 años pagará un suplemento de 15€ por la cama supletoria. Para desayunar en…

Sleeping arrangements

Bedroom 1
2 single beds, 2 couches

Amenities

TV
Crib
Lock on bedroom door
First aid kit
Heating
Fire extinguisher
Laptop-friendly workspace
Essentials
Unavailable: Carbon monoxide alarm
Unavailable: Smoke alarm

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Location

Palma del Río, Andalucía, Spain

El encanto de Palma se concentra a lo largo de la muralla almohade, que fue construida a finales del siglo XII para defender la villa. Es una muralla de argamasa horadada por mechinales y jalonada de torreones prismáticos. Están orgullosos los palmeños de su muralla, el monumento más antiguo, y por eso la miman, amenizando con jardines la terrosa aridez de los muros.
El recorrido por el perímetro de la muralla puede arrancar en Rioseco, junto al Cerro de la Iglesia, y continuar por la recoleta calle Rosales, con casitas de una planta para no competir con la cerca, embellecida ahora con arriates punteados de color por las lantanas. Una mella en la muralla permite apreciar restos de la antigua alcazaba –que los palmeños llaman, por su forma, “la mesa de San Pedro”– y el imponente perfil lateral de la parroquia mayor de la Asunción.
Una torre ochavada marca el inicio de la parte más vistosa de la fortificación. Llamará la atención del viajero que entre las almenas de la torre despunte la silueta de una modesta espadaña barroca; y es que el interior acogió una ermita mariana. Para explicar su origen asegura una tradición que en 1483 “1.250 moros de a caballo” intentaron asaltar la villa, siendo derrotados con la mitad de hombres por don Luis Portocarrero, primer conde de Palma, que invocó la protección de la Virgen de las Angustias, a cuya mediación se atribuyó la victoria. Aquel episodio dejó también huella en el Arquito Quemado, nombre que se dio a la puerta que en su fallido ataque incendiaron los moros.
Tras dejar atrás un jardín protegido por verja, en el que verdean los setos de mirto y ciprés, el recinto fortificado prosigue a lo largo de la calle de la Muralla. Aquí, franjas de césped amenizadas por adelfas y pequeños cipreses tapizan la base de la cerca, jalonada por cinco torreones. La ordenación urbana de la zona ha cuidado que las casas mantengan una sola planta para no competir con la fortificación; así, la calle del Arquito enmarca un paño de muralla flanqueado por dos torreones que despuntan sobre los tejados, asediados por vencejos que intentan guarecerse en los mechinales. Más adelante, ameniza la muralla la ajardinada plaza de las Angustias, que patentiza, una vez más, el complaciente mimo con que trata Palma sus jardines.
Así llegamos a la plaza de Andalucía, el recibidor de la ciudad, donde se asientan la casa consistorial y otros servicios públicos, lo que motiva incesante ajetreo matinal. Naranjos, adelfas y palmeras –muy frecuentes en Palma, como constante homenaje al árbol que inspira su nombre y figura en su escudo– amenizan el luminoso recinto.
La muralla que venía guiando los pasos del viajero queda aquí oculta por el palacio de los Portocarrero, que se asoma a la plaza a través de una hermosa balconada plateresca. Bajo el balcón pervive la antigua puerta del Sol, de acceso a la alcazaba o ciudadela, un pasadizo que parece ideado para enmarcar la fachada y la torre de la parroquia de la Asunción, construida a lo largo del siglo XVIII. Aquí arranca la calle del Cardenal Portocarrero, a la que le sobra el constante fragor del tráfico. A la derecha, una verja permite apreciar la recuperación del antiguo palacio de los Portocarrero, erigido por los señores de este apellido y Condes de Palma en el siglo XVI sobre la antigua alcazaba, que conserva patios porticados y salones. Félix Moreno de la Cova adquirió un día aquel arruinado edificio con la idea de recuperarlo, y su nieto Enrique inició la transformación de aquel sueño en realidad, con la colaboración de las instituciones.
Frente a la verja, las antiguas caballerizas del palacio acogen hoy el ejemplar museo histórico municipal, con sus secciones de arqueología, bellas artes y etnología. Si el viajero se adentra, por la izquierda, en un espacio ajardinado, verá cómo la muralla almohade reaparece cautiva entre bloques de viviendas, que la han respetado escrupulosamente.
El paseo acaba en la parroquia de la Asunción, que aquí llaman muchos “catedral del Alto Guadalquivir”. Exteriormente lo que más llama la atención es la torre, esbelta y esplendorosa, especialmente sus cuerpos de campanas, decorados con cerámicas vidriadas, que brillan cuando los besa el sol y evocan los modelos ecijanos. A los pies de la torre, la vistosa portada parece un retablo construido en rojo ladrillo, que los alarifes trabajaron con la misma delicadeza que el mármol. Por dentro, la Asunción se muestra blanca y hermosa, con abultadas yeserías decorando las repisas de las tribunas y las pilastras.
Al abandonar la ciudad, y tras cruzar el Guadalquivir por el Puente de Hierro, Palma despide al visitante con el beso blanco de la ermita de su patrona, la Virgen de Belén, que reluce de cal sobre un altozano; será el último encanto que el viajero se lleve prendado en el recuerdo. Ah, un detalle enternecedor: unos pajarillos han instalado su nido en la mismísima corona de la Virgen que, a modo de triunfo, se encarama sobre una columna delante de la ermita.
El encanto de Palma se concentra a lo largo de la muralla almohade, que fue construida a finales del siglo XII para defender la villa. Es una muralla de argamasa horadada por mechinales y jalonada de torreones…

Hosted by Jackson Jhonathan

Joined in March 2015
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House rules
Check-in: 1:00 PM - 12:00 AM
Checkout: 12:00 PM
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No parties or events
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